Georgio Farina nació en Munich, Alemania. Su padre empezó a educarle a su hijo para la musicalidad desde la más tierna infancia. Luego, Georgio continuó con el estudio de la música en una escuela con las Artes Plásticas como tema central. Su primo mayor le hizo ver que aparte de la música clásica existe también otro estilo de música muy divertido.
Muy apesar de sus padres, Georgio descubrió su pasión por la música de rock al escuchar el único disco de ellos. Era un desdichado regalo de cumpleaños de su primo que llevaba el título anti-alemán “The Best of Cream” (“Lo Mejor de la Crema”).
Con ello Georgio Farina descubrió un nuevo mundo. Al ir a un concierto de rock de Led Zeppelin, el „virus“ de la música rock le habia contagiado completamente y resultó en la fundación de un conjunto musical de rock. En el curso de los años, su repertorio aumentó cada vez más y Georgio descubrió la pasión por la composición musical.
Entretanto, su padre llegó a aceptar el cambio musical de su hijo de la música culta a la música ligera. Incluso le daba instrucciones, le inspiró al componer la música y además le compró su primer órgano, una Philicorda. Su situación económica no le permitió comprar el anhelado órgano Hammond B3.
En los siguientes años, llevaba la vida – en pocas palabras- loca, poco saludable y caracterizada por el principio “aprendiendo con lo que hacia”.
Eran experiencias importantes en varios estilos de la música de rock y su cooperación con varios músicos que lo convertieron en el artista de hoy.
Algunas de sus etapas incluyeron conjuntos musicales como por ejemplo:
Eruption, el grupo musical Jazz Children of Joy, Amon Düül 2, The Well, Defroster y Affair con el cantante Guillermo Marchena así como trabajos en estudios de grabación con Curt Cress, el baterista de entonces del grupo musical de Klaus Doldingers Passport o Snowball, entre otras cosas.
Como Georgio Farina quería saber realmente todo acerca del ramo de música, trabajó además en la UFA/Ariola, la empresa Sony/BMG de hoy. Subraya que esta experiencia no influyó su decisión de continuar los dos siguientes años con su música solo como pasatiempo, sin embargo con la misma pasión.
A los 40 años , disfrutar la vida le pareció ser el único sentido de la vida. Y como suele poner sus ideas en práctica, decidió trasladarse al Caribe, a la hermosa Isla Hispaniola.
Se dio cuenta de una vez que era un paraíso con muchos defectos. En el tercer mundo, donde la supervivencia del indivíduo a veces depende de US$ 2,50, tenía mucho tiempo para pensar en la vida y en si mismo. Sus prioridades cambiaron.
Desarrolló un proyecto que tenía en mente desde hace mucho tiempo:
El Proyecto G.F. LifeLine
Con su música no solamente quiere mover los corazones sino también los bolsillos de la gente para donar una parte de las ganancias a las escuelas en los pueblos y clínicas pequeñas en República Dominicana.
Al presentar su idea a amigos y colegas en Europa, decidieron apoyar este proyecto de una vez de varias maneras: Músicos, redactores, gráficos, ingenieros de sonido, técnicos especializados en iluminación, escenógrafos y operadores.
El Proyecto G.F. LifeLine empezó a crescer.
Georgio Farina tiene ilusión de volver a ver a artistas internacionales en sus espectáculos musicales y les saluda con un refrán del famoso autor alemán Erich Kästner:
¡No existe nada bueno, a menos que tú lo hagas!
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